Por Juan Carlos Jara

 

(Resumen de la charla ofrecida en el Centro Cultural "América Criolla" de La Plata, el 10 de abril del corriente año)

 

Hace apenas 20 años -que en el proceso histórico humano representan menos que un suspiro- caía el muro de Berlín, se desintegraba la U. R. S. S. y los EE. UU. emergían como  potencia mundial hegemónica, única e indiscutida. Y en tanto potencia única engendradora también de un pensamiento universal.

Se hablaba por entonces, hasta el hartazgo, de la aldea global, del fin de la historia y de las ideologías; se postulaba al capitalismo como meta final de todo progreso humano; se enaltecía al mercado como el dios Baal ante el que debían prosternarse todos los pueblos del mundo...

Pasaron apenas veinte años para que todas esas ilusiones conservadoras, esa quimera de las clases más reaccionarias del mundo se vinieran abajo como un castillo de naipes.

Es cierto que antes debimos pasar por las horcas caudinas de los noventa, del neoliberalismo depredador y feroz (léase Menem entre nosotros, Sánchez de Lozada en Bolivia, Cardozo en Brasil, Lacalle en Uruguay, Carlos Andrés Pérez en Venezuela), pero hoy la situación se ha modificado diametralmente.

 

Ya la primacía exclusiva estadounidense está dejando de ser -su crisis económica, según muchos economistas que no aparecen en la CNN está lejos de haber llegado a su fin- y se alzan en el horizonte otros polos de poder a nivel mundial. Entre ellos -a condición de que logre su unidad- la América Latina.

 

Si echamos una rápida ojeada retrospectiva sobre la historia de nuestra América Criolla veremos que la idea de unidad nace con la independencia. Es más, como bien dijo el chileno Felipe Herrera: "América Latina no es un conjunto de naciones: es una nación deshecha".

Con la independencia política (ya que no económica) triunfaron los particularismos, las conveniencias de los sectores portuarios y, al desaparecer los vínculos que nos unían a la metrópoli española, lo que podría haber sido nuestro gran estado continente se deshizo en forma irremediable.

La unidad  había sido el sueño de los libertadores (San Martín, Bolívar, el tucumano Monteagudo), y recurrentemente ese viejo sueño de la Patria Grande ha resurgido.

La irrupción fuerte del expansionismo norteamericano (luego de la guerra con España) va a generar como contrapartida entre nosotros la aparición de la generación "arielista", los intelectuales del 900 con José Enrique Rodó y Manuel Ugarte a la cabeza, entre los que resaltaban figuras como el mejicano Vasconcelos, el colombiano Vargas Vila, el venezolano Blanco Fombona. Casi todos ellos, a diferencia de los próceres del siglo XIX, no sólo hablan de la unión de Hispanoamérica sino de la América Latina (incluyendo a Brasil).

En esa etapa Nuestra América vuelve a tomar autoconciencia de su unicidad y el primer esbozo de esa autoconciencia está plasmado en el libro de Manuel Ugarte "El porvenir de América Latina", que este año cumple su centenario.

Lo que está implícito y explícito en ese y otros trabajos posteriores del peruano García Calderón, del chileno Subercaseaux, del argentino Alejandro Bunge, va a ser llevado a la práctica (en realidad fue solo un intento) con la política del ABC impulsada por el general Perón, junto a su par Ibáñez de Chile y el presidente brasileño Getulio Vargas. Fue un intento de unión aduanera que no prosperó, pero dejó su impronta.

En un articulo de 1951, firmado como Descartes, decía Perón: "al siglo de la formación de las nacionalidades como se llamo al XIX, le sigue el de las confederaciones continentales"... Y hablaba de un "núcleo básico de aglutinación", que estaría básicamente conformado por Argentina y Brasil. Y sigue: "Ni la Argentina, ni Brasil, ni Chile aisladas pueden soñar con la unidad económica indispensable para enfrentar un destino de grandeza. Unidas forman, sin embargo, la más formidable unidad a caballo sobre los dos océanos de la civilización moderna.  Así podrían intentar desde aquí la unidad latinoamericana con una base operativa polifacética con inicial impulso indetenible... Desde esa base podría construirse hacia el Norte la Confederación Sudamericana, unificando en esa unión a todos los pueblos de raíz latina... ¿Como? Sería lo de menos, si realmente estamos decididos a hacerlo Si esta confederación se espera para el año 2000, qué mejor que adelantarnos, pensando que es preferible esperar en ella a que el tiempo nos esté esperando a nosotros".

Allí Perón ya estaba profetizando el surgimiento del MERCOSUR, la Unasur, Telesur o la O. E. A. sin EE. UU. ni Canadá, cuyo primer ladrillo se puso este año en Cancún en la Cumbre de la unidad de América Latina y el Caribe. Todas estas ya son realidades que, aunadas a propuestas como la moneda única, el Banco del Sur y la Universidad Latinoamericana, nos demuestran que estamos en el camino profetizado por Perón. Aquel que sintetizó en la frase famosa: "el año 2000 nos hallará unidos o dominados".

 

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Muchas veces durante estros dos siglos se dijo que la unidad de América Latina era una utopía, es decir algo muy bello pero irrealizable. A los que opinaban así Juan Bautista Alberdi les respondía en 1844: "no siempre lo grandioso es del dominio de la utopía", y ¡vaya si la unión de América Criolla es una idea grandiosa!

 

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